La política exterior de los Estados del Caribe anglófono: eje esencial de paz y supervivencia regional.

Prof. José Francisco Piedra Rencurrell Colaborador del MovPaz

Prof. José Francisco Piedra Rencurrell
Colaborador del MovPaz

El propósito principal del presente trabajo es esbozar en líneas generales las características de la política exterior de los Estados caribeños y su fuerte inspiración pacifista.

Lo primero a establecer será la definición del Caribe sobre el cual hablaremos ya que razones de espacio dictan la conveniencia de circunscribirnos al Caribe anglófono,1 no solo por ser el área de mayor concentración de Estados en esa zona geográfica sino además porque comparten visiones comunes y articuladas en diferentes aspectos de sus sociedades.

La decisión de no incluir en el presente análisis a las conocidas como las Antillas Mayores (Haití y la República Dominicana que comparten la Isla denominada como La Española) y a Cuba, obedece a las notables diferencias de dimensiones geográficas, territoriales, económicas y de historia, entre otras, que tienen con el resto de las anglófonas y al hecho de que el tratamiento del asunto para esas tres naciones llevaría por si solo un trabajo de mayores dimensiones y envergaduras que el presente.

La motivación principal en la selección del tema estuvo centrada en las peculiaridades de las políticas que hacia el exterior desarrollan los Estados-Naciones caribeños de la zona apuntada y que nos hacen cuestionar la existencia de políticas exteriores propias como correspondería a cada uno de ellos, sin negar, por otro lado, la validez teórica de que a través de toda la historia han sido los Estados los actores principales en las relaciones internacionales.2

Adicionalmente no podría eludirse el tratamiento de la relación entre la política interna y la política exterior que exhiben estos países y los factores condicionantes que se derivan de sus características propias, dentro de los cuales una política de paz deviene elemento de fundamental importancia.

Cualquier análisis serio que sobre esta parte del Caribe se pretenda realizar, deberá partir siempre del reconocimiento a las vulnerabilidades de diverso tipo que han impactado e impactan los comportamientos políticos tanto internos como externos de estas Naciones.

1 En esencia, el concepto utilizado aquí comprenderá al área geográfica en que se ubican las naciones independientes y básicamente anglófonas (con la excepción de Suriname) que integran la Comunidad del Caribe o CARICOM: Belice, Bahamas, Jamaica, Barbados, Guyana, Trinidad y Tobago, Suriname y las ínsulas del Caribe Oriental: Antigua y Barbuda, Granada, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucia, Dominica y San Cristóbal y Nevis.

2 Prof. Roberto González Gómez, Teoría de las Relaciones Políticas Internacionales, Capitulo III, Pág. 3. Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba

La mayoría de estas ínsulas caribeñas exhiben un pobre desarrollo económico derivado de la escasez de recursos naturales. Son exportadores netos de materias primas e importadoras de un sinnúmero de productos necesarios para la subsistencia de sus habitantes. Trinidad y Tobago con sus recursos petroleros y en menor escala Jamaica, con su bauxita y alguna producción azucarera, asi como Barbados y Bahamas con sus negocios off shore pueden mostrar indicadores económicos de cierta consideración.

La naturaleza, en cambio, les proporcionó condiciones consideradas por algunos como paradisíacas para el turismo que, en buena parte de las naciones caribeñas, constituye la principal fuente de ingresos, aun con la volatilidad de esa industria comúnmente sometida a los impactos negativos ocasionados por desastres naturales o, como acontece hoy, por la crisis económica internacional desatada en los Estados Unidos (principal emisor de turismo hacia el área) y extendidas por otras naciones desarrolladas.

Las vulnerabilidades de carácter medio ambientales también han de tomarse muy en cuenta, pues se trata de pequeñas Islas ubicadas geográficamente en la ruta más usual de los huracanes tropicales que durante una buena parte del año se forman y transitan por esta zona. Son más que evidentes los estragos que habitualmente causan estos fenómenos atmosféricos en naciones de poco desarrollo económico y con marcadas insuficiencias de carácter tecnológico y de preparación de sus sociedades en materia de protección y de defensa civil.

No son ajenas tampoco a los crecientes efectos negativos del cambio climático y, muy especialmente, a la erosión de sus playas y al aumento de los niveles del mar por solo citar un par de factores que acechan peligrosamente sobre porciones nada despreciables de sus pequeños territorios.

Todos estos factores económicos y naturales adversos han determinado y continúan determinando la marcada dependencia caribeña de externalidades de carácter económico, comerciales y tecnológicos y de defensa, lo cual necesariamente ha influido en la construcción de los imaginarios que prevalecen sobre el área y en la formación de las estructuras y visiones políticas propias que en ella se dan.

No seria correcto hablar de la preeminencia de un patrón de uniformidad cultural (entendida aquí la cultura en su concepto mas amplio y abarcador) en el Caribe aunque sí está comúnmente admitido que es en esa diversidad donde radican los elementos vinculantes que caracterizan a las sociedades caribeñas en diversas facetas de su existencia.

En un artículo preparado para la Revista de análisis político Contexto Latinoamericano, apuntábamos la existencia de una historia bastante común en la formación de los sistemas políticos que posteriormente devinieron nacionales en las colonias inglesas del Caribe y, aunque decíamos que el advenimiento a la Independencia de la mayoría de estos países anglófonos fue el resultado de una negociación política en todos los casos que estuvo fuertemente influenciada por el movimiento internacional en favor de la descolonización, tal proceso no se dio como un fenómeno simultaneo sino que se fue materializando en fases escalonadas que se extendieron y prolongaron desde principios de la década de los 60 hasta la del 80 inclusive.3

La necesidad de unirse se convirtió en uno de los requerimientos mas perentorios para los nuevos Estados independientes del Caribe que no vieron ni tenían otra opción que esa si querían sobrevivir como tales. Aun antes del advenimiento a la Independencia a inicios de la década de los sesenta, ya se habían registrado intentos de crear una Federación de Naciones Caribeñas, proyecto que finalmente no prosperó, quizás, al no estar dadas todavía las condiciones mas propicias para un propósito de tanta envergadura y en lo que debió haber influido también el hecho de que la idea surge casi en los albores mismos del inicio del proceso de descolonización en el área. 4

La lógica de los acontecimientos pudo haber indicado la inviabilidad de materializar tal propuesta antes de acceder al estatuto de Independientes y de comenzar a experimentar primero con los mecanismos de construcción de sus respectivas sociedades como naciones soberanas. No obstante, el germen de alguna manera quedó y hay autores que consideran al proyecto de la Federación como el embrión del proceso integracionista que hoy se desarrolla en el área.

De manera que en la formación de sus estructuras de funcionamiento interno las naciones del Caribe anglófono, aunque absolutamente independientes entre si y cada una de ellas con la ex metrópoli, decidieron mantener determinados vínculos de comunidad que les propiciaran la necesaria identidad y fuerza para unirse o encontrar polos de unidad a nivel regional.

Así es que a partir de las experiencias políticas adquiridas desde el periodo colonial y fuertemente influenciadas por el sistema británico de gobierno, como no podía ser de otra forma, las ex colonias emergieron con patrones de sistemas políticos muy similares al de Londres, estableciéndose, en su gran mayoría, como democracias parlamentarias regidas por el modelo Westminster.5

Otras características políticas que están presentes en los sistemas políticos implantados (o trasplantados) y que se asemejan bastante en una buena parte de estas pequeñas naciones están relacionadas con la regularidad de los procesos electorales, la alternancia en el poder y un marcado bipartidismo, así como la ausencia de conmociones políticas que trasciendan las fronteras y repercutan de manera negativa en el exterior. Excluimos, por supuesto, de esta consideración a la invasión norteamericana a Granada en 1983 y los golpes militares de estado en Suriname a finales de la década de los 70.

3 – Prof. José F. Piedra Rencurrell: El caribe anglófono: una aproximación a sus realidades políticas actuales. Contexto Latinoamericano No. 6 Octubre-Diciembre 2007. Pag 112

4 – Prof. José F. Piedra Rencurrell: Articulo citado. Pag. 115

5- En el artículo ya citado del autor, se analiza con mayor amplitud este proceso.

De manera que la política exterior de los Estados caribeños tiene como basamento esencial y principista a la defensa de sus intereses específicos como naciones de escaso desarrollo económico que identifican conscientemente sus vulnerabilidades y a su lucha para que se le reconozcan tales condiciones en el concierto internacional. Al propio tiempo que se empeñan, con posiciones coherentes y bastante homogéneas de política exterior, en ratificar la legitimación de su independencia y de su carácter soberano.

Y es precisamente aquí donde con mayor claridad puede apreciarse la obligatoriedad que tiene el concepto de la unión en los caribeños pues es la vía valida para encontrar las necesarias fortalezas que se requieren para competir con dignidad en el resto del mundo y al propio tiempo para defenderse de cualquier acechanza externa contra su independencia y soberanía.

O sea que la combinación de intereses estratégicos de carácter económicos y comerciales así como políticos constituyen la génesis del proceso de integración caribeño, considerado hoy como el más antiguo del Hemisferio Occidental.

En la segunda mitad de la década de los 60, en medio mismo del proceso de descolonización, las naciones ya independientes del Caribe anglófono decidieron crear la Asociación Caribeña de Libre Comercio (CARIFTA por sus siglas en ingles) que puede considerarse como el segundo gran proyecto intrarregional (el primero fue el ya mencionado de la Federación) que perseguía construir posiciones de unidad en el tema comercial tanto hacia el interior del área como hacia afuera de la misma.

En un paso superior de unidad, los lideres de la Commonwealth caribeña decidieron, en 1972, transformar CARIFTA en un Mercado Común, dejando establecida de manera formal, con esa decisión ante todo política, la Comunidad del Caribe o CARICOM, de la cual el propio Mercado Común seria su componente integral.8

La firma del Tratado estableciendo la CARICOM tuvo lugar en Chaguaramas, Trinidad y Tobago, el 4 de julio de 19739 y esa fecha marcó un momento trascendental y definitivo para la historia de la Región pues significó un escalón muy superior en los empeños integracionistas que continuaban impulsando las Naciones y sus líderes políticos y que se convertía, además, en un referente a escala continental.

Quedaban superados así los limites establecidos por CARIFTA como un área intracaribeña de libre comercio exclusivamente, para amplificar esa vital relación a nuevas interdependencias multilaterales y proyectarlas hacia otras áreas no menos importantes como serian el libre flujo de capitales y fuerza de trabajo y las necesarias coordinaciones de políticas y estrategias subregionales en sectores como la agricultura, la industria, el comercio y la cooperación y la política exterior.10

8– The Caribbean Community. Documento publicado por la Secretaría de CARICOM. Georgetown, Guyana. 2007

9 – Ibdm

10 – Prof. José F. Piedra Rencurrell: Articulo citado. Pág. 116

En la CARICOM se deciden aspectos consustanciales a temas de carácter económico, comerciales, culturales y de política internacional, entre otros, a cuyos fines se subrogan y se adecuan las legislaciones internas de cada país en cada uno de los asuntos o temas en cuestión.

En la práctica, un requisito indispensable para acceder a la membresía de esa Comunidad es precisamente el acatamiento más general de los postulados contenidos en el proyecto del Mercado y Economía Únicos de la CARICOM aunque de manera tal que ello no signifique una cesión de soberanía.

Según los objetivos programáticos de la CARICOM11 que aparecen reseñados en sus documentos constitutivos, entre sus principales propósitos se encuentran:

La aceleración en forma convergente del desarrollo económico coordinado y sostenible.
La expansión de las relaciones económicas y comerciales con terceras naciones
El incremento de los niveles de competitividad internacional.
El aumento de la producción y de la productividad.
El logro de un alto nivel de participación e influencia económica y efectividad de los Estados Miembros en sus relaciones con terceros Estados, grupos de Estados y entidades internacionales de cualquier tipo.
El fortalecimiento de la coordinación entre los Estados Miembros en torno a las políticas exteriores y económicas internacionales y
El establecimiento de la cooperación funcional entre los Estados Miembros.

Estas reuniones Cumbres se efectúan una vez por año. La Intersesional generalmente a comienzos del mismo y tiene la finalidad de chequear, controlar, promover, estudiar y modificar cuando sea necesario, los acuerdos y decisiones adoptadas en la Cumbre Ordinaria ultima que, por lo general, se realiza a principios de julio en un país miembro diferente.

Estas Conferencias de Jefes de Gobierno constituyen el eslabón político supremo de la Comunidad Caribeña en la cual impera siempre el consenso en la toma de decisiones que luego son llevadas en bloque al escenario que corresponda. Por lo general, es así como actúan los caribeños en la ONU, la OEA y en otros organismos internacionales.

La endeblez de sus economías no les permite a muchas de estas Naciones tener Embajadas y Oficinas diplomáticas y consulares abiertas en otros Estados u Organismos Internacionales, por lo cual el tema de la representación por CARICOM como grupo subregional adquiere para ellos una importancia vital.

Queda demostrado pues que en la base de toda la estructura de CARICOM se encuentra el componente de la política exterior como uno de los elementos más fundamentales.

11 – Objetivos de la Comunidad en Documento informativo de la Secretaria de CARICOM. Georgetown, Guyana. 2007.

En el 2001 y luego de un riguroso proceso evaluativo de lo logrado hasta la fecha, los lideres caribeños decidieron la revisión del Tratado de Chaguaramas propiciando que el objetivo principal del Mercado Común fuera ampliado ahora hacia el establecimiento del Mercado y Economía Únicos, lo que sin dudas representaba un estadio superior, mas abarcador, de los empeños integracionistas de los caribeños, al tiempo que se pretendía acelerar el camino hacia la integración12. Una nueva etapa se iniciaba dentro del proceso integracionista regional.

En lo político, una de las características principales que se ha mantenido como primordial entre las Naciones del área, es que la mayoría de los Gobernantes y líderes políticos regionales han abrazado, estimulado y respaldado la voluntad integradora por encima de matices y enfoques sobre determinados aspectos de los que conforman la agenda del Mercado y Economía Únicos.13

Sin lugar a dudas es en la esfera de los temas de la política exterior, donde se ha apreciado una mayor y más compacta homogeneidad en las posiciones de los caribeños.

Cuba ha sido uno de los mas claros ejemplos de la solidez y la unidad de los caribeños por su firme y valiente postura de oponerse de manera sistemática al bloqueo económico, financiero y comercial que durante mas de 40 años los Estados Unidos le han impuesto a la mayor de las Antillas. Asimismo han defendido con fuerza el reconocimiento a la pertenencia de la Isla a la región y se han opuesto vigorosamente al aislamiento que los gobiernos en Washington han querido imponerle a La Habana.14

Su vocación pacifista, puesta reiteradamente a prueba por las políticas guerreristas de los Estados Unidos y sus aliados europeos, se ha expresado en sus sistemáticas oposiciones a las intervenciones militares como las ocurridas en Iraq, Afganistan o Libia y en Haití, un miembro pleno de la CARICOM, con la intervención extranjera y posterior expulsión fuera del país del Presidente constitucionalmente electo Jean Bertrand Aristide

Vale destacar el hecho de que, por lo general, las circunstancias políticas de carácter interno y, en especial los cambios de Gobiernos, no han afectado en lo fundamental la unidad, el consenso y las visiones estratégicas de política exterior que este grupo de países ha decidido mantener.

Los desafíos, retos y peligros que le imponen al Caribe la realidad de un mundo globalizado en medio de una gran crisis económica internacional como la actual, así como sus propias vulnerabilidades continuarán haciendo de la política exterior uno de los ejes, si no el fundamental, de mayor importancia a nivel regional para su supervivencia.

La concertación intracaribeña de todo tipo y en forma permanente ha demostrado ser y deberá continuar siendo su mejor antídoto ante tales amenazas.

12 – Dr. Norman Girvan: Towards a single development vision and the role of a single economy. Special Documents in Caricom Secretariat, Georgetown, Guyana

13 – Prof. José F. Piedra Rencurrell: Articulo citado. Pág. 117

14 – Ibidem

* El autor es Colaborador del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos. Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana. Desarrolló una extensa carrera de 30 años en la diplomacia cubana, la que le permitió conocer diversas regiones del mundo y, en particular, América Latina y El Caribe. Ha dedicado los últimos quince años al estudio y al análisis de los acontecimientos políticos en el área del Caribe.

Actualmente es Profesor Asistente Adjunto en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana e imparte la asignatura Teoría Sociopolítica. Se desempeña también como Periodista de la Redacción Internacional del Sistema Informativo de la Televisión Cubana.

Es Investigador de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana.

Publicado el 26 de junio de 2013 en Estrategias de paz, Paz, política exterior, Trabajos de investigación y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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