Y POR FIN SE PRONUNCIÓ TRUMP SOBRE CUBA


Por Manuel E. Yepe
Miembro del Secretariado del MovPaz
http://manuelyepe.wordpress.com/
Hasta que al fin se pronunció el Presidente Trump acerca del nuevo
curso que se ha propuesto dar a las relaciones con Cuba. Y lo hizo a
guisa de castigo a las instituciones y la población de Estados Unidos
por la supuesta apertura al diálogo iniciada por el régimen de Barack
Obama que fuera aprovechada con entusiasmo nada disimulado por buena
parte del empresariado, las instituciones liberales y un segmento
claramente mayoritario de la población estadounidense.
Fue evidente que Trump, abrumado por fuertes presiones de la extrema
derecha política estadounidense decidió confiar la elaboración de su
nueva política hacia Cuba a las mismas fuerzas que a lo largo de casi
60 años han diseñado, con lamentables resultados, la política hacia la
pequeña isla vecina.
Su discurso fue un espectáculo populista de corte fascistoide, a la
medida de un auditorio que aplaudió sus fanfarronadas con entusiasmo,
aunque con evidente insatisfacción por la falta de concreción en
algunas de las drásticas medidas punitivas a que aspiraban los
desprestigiados líderes de ese sector del “exilio” cubano.
Luego del discurso, Trump firmó el “Memorando Presidencial de
Seguridad Nacional sobre el fortalecimiento de la Política de los
Estados Unidos hacia Cuba” (Presidential Policy Guidance on Cuba).
Para la mayoría de los observadores, quien capitalizó el apoyo de
Trump a las demandas de la extrema derecha cubanoamericana y el
retroceso a los tiempos de guerra fría en su proyección hacia Cuba fue
el senador republicano por el estado de Florida Marcos Rubio, que en
verdad no es cubano y ni siquiera ha estado alguna vez en Cuba, pero
ha hecho de esa condición un medio para ascender en la politiquería,
al extremo de haber mentido al Congreso acerca de su ascendencia
nacional así como sobre la fecha y los motivos que tuvieron sus
progenitores para salir de Cuba antes (y no durante) la revolución en
el poder.
Su actual membrecía en una comisión senatorial de inteligencia llamada
a dictaminar acerca de la actuación del Presidente en un escándalo que
podría incluso determinar su destitución, parece haberle servido de
tabla de salvación y ascenso.
Ciertamente, se observa que el segmento más atacado por la directiva
de Trump ha sido el sector de los pequeños propietarios privados de la
economía cubana, cuyo reciente gran florecimiento paradójicamente
obedece, en buena medida a la política gubernamental cubana que
alienta esta dinámica en función de la actualización de su proyecto
socialista de desarrollo.
Las “nuevas” directivas de Trump no aportan nada diferente a lo que
contra Cuba intentaron los gobiernos estadounidenses de Eisenhower,
Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush, Clinton, W. Bush,
y el propio Obama. Será, tan solo, el duodécimo en el listado de
presidentes imperialistas norteamericanos que en el último medio siglo
han tenido que renunciar a la irrealizable ambición de someter al
pueblo cubano, tras ocasionarle graves daños que han dejado profundas
huellas que los cubanos seguirán aspirando a transformar en
relaciones de respetuosa vecindad.
Durante casi 60 años, Washington ha tratado por todas las vías y
modos de derrocar a los gobiernos de Cuba, legitimados por la
revolución como fuente de derecho y sistemáticamente refrendados por
la población en elecciones verdaderamente democráticas.
Por su parte Washington, insistiendo en su prolongada guerra contra
Cuba motivada por el peligro que el ejemplo independista de la isla
significa para su dominio hemisférico, también ha dado apoyo –en su
propaganda y en varias acciones concretas del trabajo secreto de sus
organizaciones de inteligencia y subversión- al crecimiento del
trabajo por cuenta propia, que haría crecer las filas de la pequeña
burguesía en Cuba, la que –calculaban- influiría con su ideología en
la orientación política de la sociedad cubana.
La directiva de Trump constituye un engendro contradictorio que, más
que infundir temor, ha venido a desmontar alternativas de
confrontación que estuvieron ensayando los poderes fácticos de Estados
Unidos durante el gobierno de Barack Obama, tratando lograr sus
objetivos imperialistas respecto a Cuba con engañosas suaves maneras
que muchos en la isla consideran más peligrosas que los burdos
enfrentamientos convencionales a que ahora regresan con la “nueva”
directiva del actual Presidente.
Entre las “novedosas” medidas contenidas en las Directivas adoptadas
se proclama el recrudecimiento de la política de bloqueo contra Cuba
que ha sido severamente condenada por la comunidad mundial con una
unanimidad contra Estados Unidos tan completa que ni siquiera la
diplomacia estadounidense pudo votar en contra.

Junio 19 de 2017.

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Publicado el 20 de junio de 2017 en Noticias. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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