A setenta años del primer genocidio nuclear

Publicado el 5 agosto, 2015 • 15:52 por Redacción Nacional
Por Manuel E. Yepe
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La humanidad recordará por siempre, con tristeza, la forma trágica en que concluyeron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial en el teatro de operaciones de Asia y el Pacífico. El 6 de agosto de 1945 Estados Unidos hizo estallar una bomba atómica aerotransportada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima para asesinar de manera alevosa a 80 mil personas, cifra que aumentó a 200 mil hasta 1950 a causa de los efectos persistentes de la radiación nuclear.
Tras aquel horrendo crimen de lesa humanidad en Hiroshima, en vez de mostrar su arrepentimiento poniendo fin a semejantes acciones contra civiles, los líderes políticos de Estados Unidos prosiguieron en sus empeños por la dominación del mundo mediante la amenaza del uso de la bomba atómica.
En la segunda ocasión lo hicieron sobre una ciudad aún más poblada, Nagasaki, donde el presidente Harry Truman se convirtió en el asesino de unos 300 mil seres humanos más.
El mensaje era evidente y claro: Estados Unidos poseía un arma terrible y estaba dispuesto a usarla contra cualquier nación que se opusiera a su dominación mundial.
El gobierno del Japón era entonces una dictadura militar que nominalmente encabezaba un Emperador que había aplastado toda disidencia democrática, proscrito al partido comunista y practicado una política exterior sumamente agresiva contra sus vecinos.
En diciembre de 1941, el imperio japonés, que había ocupado una parte considerable de las costas de China, Corea y las colonias francesas de Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) cometiendo atrocidades en gran parte de las Indias Orientales Holandesas (Indonesia), atacó a Hawái, una posesión de Estados Unidos.
Pero, no obstante aquellas iniciales victorias, en 1945 Japón era ya un imperio derrotado. Había perdido sus reservas de petróleo y su flota naval había sido destruida. La Alemania nazi, su mayor aliado, se había rendido en mayo.
En junio de 1945, el gobierno de Japón había comunicado a los de Suecia, Suiza y la Unión Soviética su deseo de paz, solicitando, como una única condición para su rendición, que su emperador se mantuviera como jefe nominal de Estado.
No obstante lo anterior, son muchos los que aún hoy aceptan como cierta la mentira con que el entonces presidente estadounidense, Harry Truman, justificó la utilización del arma atómica tras el genocidio. “Hemos utilizado (la bomba atómica) para acortar la agonía de la guerra, con el fin de salvar las vidas de miles y miles de jóvenes norteamericanos”.
Al ser informado de la destrucción total de Hiroshima por aquel bárbaro crimen, el presidente se limitó a calificarlo textualmente como “lo más grande que ha ocurrido en la historia”.
Desde 1945 Estados Unidos ha venido manipulando la cuestión nuclear como amenaza estratégica para su dominación global y su más preciada pieza en el tablero de una incesante carrera armamentista que constituye el más grave peligro para la humanidad y la vida sobre la Tierra.
Durante gran parte de la posguerra, Washington logró imponer a la Unión Soviética una onerosa carrera armamentista a la que fueron incorporadas otras novedades de la técnica militar como los misiles intercontinentales.
Washington, que había concluido la segunda guerra mundial con menos daños materiales que las demás potencias y, por tal motivo relativamente enriquecido respecto a éstas, tenía todas las de ganar en esa carrera.
El presupuesto militar estadounidense, que sobrepasa la suma de los presupuestos militares combinados de todos los demás países del mundo, ha hecho que la deuda total del gobierno estadounidense también supere la deuda externa total del resto de los países del globo.
Washington ha sido capaz, hasta ahora, de evadir las pavorosas consecuencias de tan desastroso manejo de su economía gracias a que goza del privilegio único de poder imprimir su moneda, que aún hoy se mantiene como la principal divisa internacional. Esta ventaja le permite dilatar indefinidamente la liquidación de su enorme deuda y transferir los nocivos efectos de ello al conjunto de la economía global.
Los tratados contra la proliferación de armas nucleares sólo se aplican con rigor a países no incluidos entre los más incondicionales aliados de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con los acuerdos sobre prohibición de armas en el espacio, para la evitación de pruebas nucleares y los acuerdos parciales de desarme.
Junto con sus aliados en la organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN), Estados Unidos mantiene una doctrina nuclear de basada en el principio de “Golpear primero (First strike)”, lo que constituye un abierto desafío de la carta de las Naciones Unidas que prohíbe la guerra como una herramienta de la política exterior, quizás el legado más importante, progresista y democrático que dejara a la humanidad la IIGM.
Hoy, aunque la Guerra Fría concluyó hace un cuarto de siglo, las armas nucleares siguen estando en el núcleo de la estrategia imperialista.
A setenta años del genocidio en Hiroshima, la lucha de la humanidad por la paz mundial es más necesaria que en cualquier otro momento anterior de la historia.

mensaje enviado al Movimiento por la Paz Japones por el 70 Aniversario de los Bonbardeos de Iroshima y Nagasaki.

Jun Chisaka
Director Representativo
Comité Japonés por la Paz

Estimado compañero Chisaka:

En ocasión del 70 aniversario del bombardeo atómico sobre Hiroshima y
Nagasaki, el Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los
Pueblos (Movpaz), desea transmitir al Comité Japonés por la Paz y, por
su conducto, a todo el pueblo japonés amante de la paz, sus
sentimientos de amistad y solidaridad.
Se cumplen siete décadas de aquella artera agresión que conmocionó y,
aún hoy, conmociona a toda la humanidad y por la cual el pueblo
japonés continúa sufriendo en el recuerdo y las secuelas dejadas a sus
víctimas.
Las fuerzas en el mundo amantes de la paz se movilizan para
conmemorar, condenar una vez más este genocidio y para exigir, con más
fuerza aún, el desmantelamiento de todas las armas nucleares y el cese
de las agresiones por la carrera armamentista instigadas por el
imperialismo estadounidense y sus aliados.
En nuestra región de América Latina y el Caribe, primera zona libre de
armas nucleares en el mundo, y refrendada como Zona de Paz por la
Declaración de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe
(CELAC) en su Cumbre de Jefes de estado y de Gobierno realizada en La
Habana, en enero de 2014; las organizaciones pacifistas vinculadas al
Consejo Mundial por la Paz se aprestan a realizar múltiples
actividades para recordar la fecha.
En este sentido, el Movpaz junto al pueblo cubano, desarrollará
también un conjunto de actividades con distintos sectores de la
sociedad en las que reafirmaremos que un mundo sin guerras, ni armas
nucleares y con Paz, es posible.
Estamos seguros de que este aniversario devendrá momento importante en
nuestra lucha común por el desarme general y completo y servirá como
un nuevo impulso para multiplicar el número de personas que se sumen a
esa noble tarea en defensa de la Paz mundial.
La ocasión es propicia para reiterarles nuestros votos solidarios y de
éxitos en las actividades conmemorativas que se ha planteado el Comité
Japonés por la Paz para recordar esta efeméride.
Con un fuerte saludo de Paz,
Silvio Platero Yrola
Presidente Movpaz, Cuba

Mensaje enviado al Movimiento por la Paz Japones por el 70 Aniversario de los Bonbardeos de Iroshima y Nagasaki

Jun Chisaka
Director Representative
Japanese Peace Committee

Dear comrade Chisaka:

On the occasion of the 70th anniversary of the nuclear bombardment
over Hiroshima and Nagasaki, the Cuban Movement for Peace and
Sovereignty of the Peoples (MovPaz, the Spanish acronym) wishes to
convey its feelings of affection and solidarity to the Japanese Peace
Committee, and through it, to all Japanese peace-loving people.

Seven decades have gone by since that treacherous aggression that
moved, and still today continues to move the entire humankind, and
because of which the Japanese people continues to suffer with the
memories and sequels left to its victims.

The peace-loving world mobilizes to commemorate that genocide and to
demand, with even more strength, the dismantling of all nuclear
weapons and the end of the arms race incited by the imperialism of the
United States and its allies.

In our region of Latin America and the Caribbean, declared first free
of nuclear weapons zone in the world and confirmed as Zone of Peace by
the Declaration of the Community of Latin American and Caribbean
States (CELAC, its Spanish acronym) during its summit of heads of
state and government celebrated in Havana in January 2014, many
activities will be performed to recall the date.

In Cuba, MovPaz, side by side with the Cuban people, will also develop
an important group of activities on the occasion of this 70th
anniversary, in which we will reaffirm that a world without wars or
nuclear weapons and with Peace is possible.

We are convinced that this anniversary will become an important moment
in our common struggle in favor of general and complete disarmament,
and will serve as a new boost to multiply the number of persons who
join that noble task in defense of world Peace.

The occasion is suitable to reiterate our wishes of solidarity and
success in the commemorative activities scheduled by the Japanese
Peace Committee.

Silvio Platero Yrola
President Movpaz
Cuba

POR QUÉ HUBO LLANTO EN EL DESFILE RUSO

En un ambiente de respeto y silencio, unos 300 mil rusos con fotos o retratos de familiares que lucharon en la guerra, desfilaron el 9 de mayo, día de la victoria sobre el nazismo, por el centro de Moscú, frente al Kremlin y la Plaza Roja.

Se calcula que entre 27 y 30 millones de soviéticos perdieron la vida en aquella conflagración. Los pueblos de la Unión Soviética aportaron la cuota mayor de sacrificios humanos y daños materiales en aquel holocausto. A ellos corresponde el mérito principal por haber logrado la derrota del nazismo.

“Mis lágrimas al ver la marcha silenciosa y a Putin en medio de ella fue una reacción inconsciente que, pensándolo bien, fue mi muy personal y sentido reconocimiento de que nada comparable podría ocurrir en mi propio país, los Estados Unidos de América”.

Así se manifiesta en un artículo publicado en diversos medios digitales un testigo presencial de aquel extraordinario desfile, Frederick William Engdahl, periodista, autor de varios libros, historiador e investigador económico estadounidense radicado desde hace dos décadas en Frankfurt, Alemania.

“La última vez que yo había llorado en un acto público fue en noviembre de 1989 cuando cayó el muro de Berlín y los alemanes, orientales y occidentales, bailaron juntos simbolizando el fin de la división generada por la guerra fría.… El Canciller alemán propuso en un discurso ante el Bundestag la construcción de un tren de alta velocidad que enlazara a Berlín y Moscú. Pero Alemania no fue lo suficientemente fuerte, ni lo suficientemente libre de sentimientos de culpa por la guerra, para rechazar la presión de Washington”.

“Nunca hemos podido tener marchas conmemorativas en condiciones de paz y serenidad. No pudo haberlas en Estados Unidos después que nuestras tropas destruyeron Irak; no las hubo después de Afganistán; tampoco después de Libia. Hoy los norteamericanos no tienen nada bueno que recordar de las guerras que no sea la muerte y la destrucción que han dejado… y los veteranos traumatizados y los envenenados por radiación que son ignorados por su propio gobierno.”

Cuando las cámaras de televisión acercaron, mediante zoom, la imagen del Presidente Vladimir Putin, éste marchaba junto con miles de ciudadanos sosteniendo una foto de su padre herido gravemente en combate en 1942 cuando sirvió a su patria en aquella guerra. “Putin no estaba rodeado de limusinas a prueba de balas como lo haría cualquier presidente de mi país desde el asesinato de Kennedy en 1963, sin atreverse siquiera a acercarse a una multitud. Con apenas tres o cuatro guardianes de la seguridad presidencial cerca de Putin, no aprecié clima de temor alguno pese a que estábamos en medio de una masa compacta de rusos, a menos de un brazo de distancia de uno de los más influyentes líderes mundiales de la actualidad”.

Aunque desfiló lo más avanzado del hardware militar que Rusia posee, incluyendo los impresionantes nuevos tanques Armata T-14, los sistemas antimisiles S-400 y los muy modernos aviones de combate Sukhoi-35, lo que más conmovía a Engdahl eran los radiantes rostros de miles y miles de rusos, desde muy jóvenes hasta ancianos, incluyendo veteranos sobrevivientes de la Gran Guerra Patria (como la conocen los rusos) optimistas en cuanto a su futuro.

“Lo que trasmitían las sonrisas y miradas de aquellos miles de manifestantes no era tristeza por los horrores de la guerra. Lo que advertí claramente fue que el desfile era un gesto de amor, respeto y gratitud hacia aquellos que dieron sus vidas por la Rusia de hoy, proyectada hacia un futuro que es la única alternativa viable a una dictadura mundial de amplio espectro ejercida por el Pentágono estadounidense y montada sobre un sistema del dólar que ahoga a los pueblos en deudas y fraudes”.

En ocasión de su visita a Rusia encabezando la significativa participación de su país en la celebración, el Presidente de China, Xi Jinping, se reunió por separado con Vladimir Putin y acordaron que la Franja Económica de la Ruta de la Seda, de iniciativa china, y la Unión Euroasiática, de iniciativa rusa, se integrarán en lo que implica el surgimiento de un nuevo espacio económico común euroasiático.

Engdahl hace notar que esta integración constituye para Washington una pesadilla geopolítica a la que han contribuido sus miopes estrategas guerreristas que, con las torpes agresiones que promueven contra Beijing y Moscú han hecho comprender a estas potencias que su única esperanza de desarrollo soberano, libre de los dictados de la superpotencia única, es independizarse del mundo del dólar.

La Habana, Mayo 20 de 2015

Por Manuel Yepe, Miembro del Secretariado del MovPaz

Aniversario 70 de la derrota del fascismo: El aporte de Cuba a la victoria

Publicado el 6 mayo, 2015 • 10:45 por Redacción Nacional

Por Msc. Humberto Fabián Suárez
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La temperatura marcaba -22°C en Leningrado (San Petersburgo). Corría diciembre de 1987 y al cruzar el umbral de aquel imponente memorial a las 650 mil víctimas del bloqueo nazi a la ciudad durante la II Guerra Mundial me envolvieron los juegos de luces, la música y los efectos sonoros de aquel dantesco momento que sobrecogen al visitante. En una sala llena de recuerdos y testimonios especialmente conmovedores constaté la evidencia de mis pasos hasta aquel lugar. Aldo Vivó Aldo Vivó Héroes cubanos de la lucha contra el fascismo Allí estaba su nombre para legar a nuestro pueblo una hermosa página de internacionalismo. Aldo Vivó, joven cubano de solo 17 años se enroló en el Ejército Rojo el 5 de julio de 1941 para defender la ciudad de Lenin. Con activa participación en los dramáticos combates de Púlkovo, dos años después fue asignado al Departamento Político del 53 Ejército en la región de Nevá. En misión de combate contra el enemigo perdió la vida en 1943. El 30 de enero de 1945, otro joven cubano, Enrique Vilar de solo 19 años, al frente de un pelotón de infantería de 12 hombres cayó en combate, en el avance de las tropas soviéticas del Frente de Bielorrusia para liberar Polonia de la bota nazi. No serían los únicos cubanos que lucharon en el frente o la retaguardia del enemigo. En noviembre de 1942 se habían enrolado voluntariamente 52 cubanos en el ejército norteamericano y el ejército inglés. En la entonces Unión Soviética, Jorge Vivó, hermano de Aldo, fue destacado en un grupo especial de guerrilleros para sabotear las acciones enemigas y capturar oficiales y soldados nazis para recabar información de los planes del ejército ocupante. Sobreviviente, junto a otros 7 compañeros, de una acción combativa de un grupo de 50 guerrilleros, fue evacuado a Leningrado donde sufrió los embates del bloqueo a la ciudad. Enrique Vilar Enrique Vilar Rita, Georgina y Federico Vilar, hermanos de Enrique, trabajaron desde la retaguardia del Frente en el avituallamiento del Ejército Rojo. En Cuba los trabajadores no se cruzan de brazos Todo para derrotar el fascismo fue la consigna que movilizó la más amplia solidaridad del pueblo cubano con quienes combatían en los países ocupados y en primera línea la invasión nazi a la URSS. Un millón de tabacos y 40 mil sacos de azúcar para el país de los soviets se convirtió en el eje de la acción solidaria. Los trabajadores tabacaleros acordaron elaborar el primer tabaco del día para la Unión Soviética; los obreros azucareros donaron un día de salario de la zafra de 1942 para hacer posible su compromiso y los portuarios decidieron boicotear todas las operaciones de los barcos que pretendieran transportar mercancías para las potencias del eje y manipular todas las cargas, sin límite de tiempo y esfuerzo, para los mercantes cuyas cargas tuvieran como destino a los países que combatían el fascismo. Tanto la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) como la Asociación Nacional de Ayuda a la URSS declararon el 1 de noviembre de 1941 como Día de Salario para recaudar fondos con destino al frente antifascista. A través del Frente Nacional Antifascista (FNA), organización de amplia base social e ideológica creada el 9 de julio para encauzar todo este esfuerzo, se garantizó la entrega de dinero, ropa, medicina, leche, jabón, cuero y otros productos de primera necesidad a la URSS y demás pueblos que luchaban contra el fascismo. Ya en diciembre de 1941, el Russian War Relief de Nueva York acreditaba el recibo de un cheque por valor de 10 mil pesos enviado por el FNA. En octubre de 1942 llegaron a la URSS cinco barcos con mercancías cubanas por valor de 75 mil pesos. En 1943, la cifra de donaciones cubanas se elevaba a 300 mil pesos y se había cumplido la entrega de 1 millón de tabacos y 40 mil sacos de azúcar. En las difíciles condiciones económicas que soportaban los trabajadores cubanos de entonces, aquel modesto aporte arrancado de sus míseros bolsillos constituyó una prueba de la capacidad de compromiso de nuestro pueblo con la derrota del fascismo. La conciencia adquirida en estos duros años se logró, entre otros factores, por el prestigio creciente de la central sindical cubana, del primer partido marxista-leninista y demás organizaciones populares de mujeres, campesinos, jóvenes y la intelectualidad progresista, que con sus luchas asumían el compromiso con los intereses de los sectores sociales desposeídos y de la capacidad de aglutinar a las masas para golpear el problema fundamental de aquel momento que no era otro que la derrota del fascismo, aunque hubiese que subordinar los intereses inmediatos a los intereses de la nación y del mundo. Con bien estructuradas campañas de propaganda que vinculaban el uso de los medios de comunicación -periódicos, revistas, la radio y el cine- con otras muchas acciones comunicativas donde predominaba el intercambio directo con las masas en fábricas, centros de servicios, colonias cañeras, escuelas y otros lugares, caracterizaron estas jornadas. Acciones de gran relevancia movilizaron las masas. Exposiciones, funciones teatrales, exhibiciones de películas, presentación de literatura soviética y ferias formaron parte de grandes campañas comunicativas asociadas a las grandes campañas militares del frente -las campañas de verano e invierno del Ejército Rojo- o Cero Hitler en 1942, lema de la campaña que se sumó a la presión mundial para la apertura del Segundo Frente occidental, dilatado intencionalmente por los Gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra. Todas estas acciones condicionaron el éxito de este esfuerzo solidario y contribuyeron a elevar la conciencia antifascista de nuestro pueblo. El insigne poeta chileno, Pablo Neruda de visita en nuestra capital en estos años expresó: “El pueblo de Cuba es claramente antifascista, el más antifascista de América… Más que un movimiento antifascista organizado, lo de Cuba es una conciencia, un sentimiento unánime, una voluntad”. Tanta presión ejerció este movimiento que en julio de 1942 el Gobierno autorizó la exportación por decreto, sin recargo aduanal, de 120 toneladas de jabón y cuero que nuestro pueblo donaba a la Unión Soviética. Un hecho sin precedentes, habida cuenta de que Cuba no mantenía relaciones con la URSS. Tres meses después, el 17 de octubre de ese año, Cuba se convertiría en el primer país de Latinoamérica en establecer relaciones diplomáticas y comerciales con la URSS y el 7 de abril de 1943 llegaba a La Habana el primer embajador soviético: Maxim Litvinov. La Gran Feria del Mundo Nuevo en junio de 1943 constituyó el espectáculo más grande realizado en Cuba hasta entonces y exponía en grandes pabellones por países la lucha contra las tropas nazis ocupantes, la resistencia de los guerrilleros y sus peculiaridades culturales mediante fotos, carteles, gráficos, estadísticas y otros soportes comunicativos. La isla tenía su propio pabellón y en él se exponía todo el quehacer solidario de nuestro pueblo contra el fascismo. Animaba esta Feria, como elemento de indudable atracción, un cabaret con su pista de baile donde actuaban las más afamadas orquestas, restaurantes al aire libre, cafés y otras actividades. Muchos años después, Gustavo Aldereguía, tesorero del FNA, recordaba que ante el atraque de un buque soviético en La Habana preguntaron al capitán del barco qué necesitaban en la URSS. Ante la respuesta de aquel marino, Aldereguía aseguró: “Al siguiente día, La Habana se quedó sin leche condensada, le restamos mucho jabón y no poca cantidad de cuero para las botas de los soldados que peleaban por mantener la libertad del mundo. El barco soviético recibió en sus bodegas más de 40 mil pesos en mercancías que regaló el pueblo nuestro…” Los trabajadores en defensa de la economía y sus derechos El objetivo estratégico de Todo para derrotar el fascismo no se limitó a estos puntuales ejemplos de algunas de las más importantes acciones solidarias de los trabajadores cubanos. Más allá de su trascendencia en sí mismas como expresión de una apuesta firme a la derrota del peligro fascista a costa de su seguridad individual y familiar, es de destacar el apoyo que en estos años brindaron para mantener un precio fijo al azúcar durante el tiempo que durara la guerra, por debajo del precio del mercado internacional. Ello constituía un aporte esencial de Cuba a la causa antifascista mundial, a contrapelo de los intereses de hacendados, grandes colonos y la oligarquía criolla que aspiraban a una segunda etapa de “vacas gordas”, similar a la vivida durante la primera conflagración mundial. La CTC en su V Congreso Nacional efectuado en enero de 1942 acordó la política de no huelgas para asegurar los suministros cubanos al frente de guerra y resolver los problemas obrero-patronales mediante el arbitraje y la negociación. “No se trata de un abandono de conquistas logradas por nuestro esfuerzo y por nuestra lucha”, aclaraba Lázaro Peña, secretario general de la CTC en el Informe al VI Consejo Nacional de la central sindical, “como no se trata tampoco de que renunciemos en general a la huelga, aún en las circunstancias presentes de la guerra… Frente a patronos recalcitrantes y agotados todos los medios utilizables para hallar solución pacífica a un conflicto, la CTC llamaría a los obreros a la huelga”. Huelgas generales, paros, huelgas de hambre y la toma de centros de trabajo y ayuntamientos caracterizaron la etapa ante el intento de la burguesía nativa y las empresas extranjeras de aprovechar la coyuntura para imponer sus condiciones. Solo en el Tribunal de Urgencias de La Habana en el escaso espacio de 3 años se registran más de 180 huelgas en este período. La huelga de 52 días de los trabajadores textiles, de los obreros de las Minas de Matahambre, Ron Bacardí, del central Tinguaro y Jarcias de Matanzas constituyeron significativos conflictos donde los trabajadores y las organizaciones sindicales de todo el país se movilizaron en apoyo a sus demandas. La lucha contra la especulación y el alza de los precios ante la escasez de productos también sacudió las huestes trabajadoras como su preocupación por preparar el país ante las consecuencias de la conflagración mundial y el peligro que suponía la victoria del fascismo, asunto este que determinó su apoyo al servicio militar obligatorio (SMO) y el entrenamiento de los cubanos para defender la patria y su participación en el frente. Aunque esto último no fue posible porque la ley aprobada impedía enviar cubanos a la guerra, más de 250 mil jóvenes se inscribieron en el SMO y más de 6 mil en el Servicio Militar Voluntario en tan solo dos semanas, variante aprobada por la Secretaría de Defensa ante la presión popular para alistar hombres capaces de luchar contra el fascismo en cualquier parte del mundo. Con el apoyo de la CTC, Juventud Revolucionaria Cubana -organización juvenil de inspiración comunista-, sociedades negras y la Asociación Pro-Enseñanza Popular de la Mujer, entre otras organizaciones, se crearon los cursos de primeros auxilios en caso de guerra llamadas Enfermeras por la Victoria, con el asesoramiento de instituciones especializadas y catalizaron la incorporación de mujeres al Servicio Femenino de Defensa Civil. Los sindicatos organizaron cursillos de instrucción militar. En el Sindicato de la Aguja se habilitó un curso teórico-práctico de aviación con el asesoramiento de un militar republicano español refugiado en Cuba, con una matrícula de 100 alumnos. Para las clases prácticas contaba con una avioneta y un planeador. En el aporte de los trabajadores cubanos a la derrota del fascismo no puede soslayarse la cuota de sangre que aportaron los marinos de los buques cubanos Manzanillo, Santiago de Cuba, Mambí y Libertad hundidos por submarinos alemanes. El fusilamiento del espía nazi Luning, eje de una red en La Habana que informaba el movimiento de barcos y mercancías y el hundimiento del U-Boat 176 –uno de los submarinos nazis causante de estas tragedias- por el caza submarino CS 13 de la Marina de Guerra Cubana, cobraron al fascismo esta deuda sangrienta con nuestro pueblo. Premonitoriamente, el protagonista de este último hecho, Norberto Collado Abreu, operador del sonar que detectó el submarino alemán, surcaría años después las aguas del Golfo de México al timón del yate Granma que transportaría a Fidel, Raúl y la pléyade de jóvenes que le acompañaban para reiniciar nuestra segunda y definitiva liberación y derrotar la sangrienta dictadura fascista de Batista. Un epílogo necesario La lucha contra el fascismo desde su mismo nacimiento no resultaba ajena a los sectores sociales más progresistas y democráticos de la sociedad cubana. La condena a la invasión fascista italiana a Etiopía y la decisiva vocación solidaria en defensa de la República española son ejemplos fehacientes de ese compromiso. Policarpo Candón, Pablo de la Torriente Brau, Rodolfo de Armas y otros en número cercano a mil integraron las brigadas internacionales que combatieron al fascismo en España, el mayor contingente de Latinoamérica presente en esta contienda. Las numerosas campañas de recolección de fondos para los republicanos españoles donde se estrenó un niño que llegaría a ser años después el héroe legendario Camilo Cienfuegos, y la escuela de Sitges, Barcelona, donde se acogieron niños de padres pertenecientes al bando republicano, sostenida desde Cuba y dirigida por la maestra cubana Rosa Pastora Leclerc, son muestras de ese acendrado internacionalismo de nuestro pueblo y el sentimiento antifascista que anidó en lo mejores corazones de la patria. Durante la II Guerra Mundial la política de unidad nacional que propició el primer partido marxista leninista, la CTC y sus sindicatos y demás organizaciones populares no significó el abandono de sus posiciones clasistas. Entre 1940 y 1944 la CTC logró para los trabajadores aumentos de salarios por más de 464 millones de pesos, el descanso retribuido proporcional al tiempo de trabajo realizado, extensivo por primera vez en América Latina a los trabajadores agrícolas, el reconocimiento legal de la CTC y sus sindicatos, así como el subsidio por paro portuario, entre otras importantes conquistas. La pujanza del movimiento obrero cubano y en especial el azucarero logró arrancar al imperialismo y la oligarquía criolla el diferencial azucarero a través de la Cláusula de Garantía, la conquista económica de más alta significación del movimiento sindical en el continente. Creció la organización de los trabajadores y el sindicalismo se extendió hasta los trabajadores agrícolas, los más expoliados y desprotegidos, el gremialismo dio paso a la organización por industrias y la CTC llegó a aglutinar en 1945 a más de mil sindicatos con 241 mil 35 trabajadores cotizantes. Desde el punto de vista político, nuestro primer partido marxista leninista alcanzó la votación electoral más alta de su historia en las elecciones parciales de 1946 con 196 mil votos. Durante estos años creció el conocimiento de las obras de los clásicos del marxismo-leninismo y lo mejor de la literatura soviética a través de la Editorial Páginas, creada por el Partido de los comunistas cubanos. Como se señalaba en la Plataforma Programática del nuestro Partido aprobada en su I Congreso: “…Nuestros trabajadores cumplieron con honor, en la medida de sus posibilidades y recursos, naturalmente limitados, la tarea sagrada de contribuir a la victoria contra aquel, que constituía entonces el enemigo número uno de la humanidad”. Los intentos por tergiversar la historia de la II Guerra Mundial y minimizar el aporte decisivo de la URSS a la derrota del fascismo y el intento de los círculos de poder de occidente de secuestrar la verdad sumado al desarrollo del neofascismo en numerosos países son un peligro latiente y una amenaza a la paz mundial. Olvidar no nos está permitido. Las presentes y futuras generaciones de cubanos debemos reverenciar y cuidar las hermosas páginas de solidaridad e internacionalismo de nuestros ancestros e inspiradas en ellas, luchar por un mundo mejor.

Ver más: Aniversario 70 de la derrota del fascismo: El aporte de Cuba a la victoria http://www.trabajadores.cu/20150506/aniversario-70-de-la-derrota-del-fascismo-el-aporte-de-cuba-a-la-victoria/

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