Los propios estadounidenses tendrán la palabra

Manuel E. Yepe

Miércoles, 27 de Abril de 2016

Por Manuel E. Yepe*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- El pueblo de Estados Unidos -se ha dicho muchas veces- es el único que podría llevar a cabo la titánica hazaña de hacer caer al imperio más poderoso y sanguinario que haya conocido la humanidad, que espera ansiosa ver a ese pueblo actuar para ofrecerle la solidaridad a que se hará acreedor.
Las frecuentes guerras asimétricas de Estados Unidos contra países incomparablemente mucho más pobres y militarmente débiles que la superpotencia única, despertaron la conciencia humanitaria de muchos estadounidenses que se ha manifestado enérgicamente en solidaridad con estos pueblos abusados.
La continuada exposición de vergonzosas violaciones de los derechos humanos de prisioneros, incluyendo torturas y gravísimos vejámenes en cárceles públicas o clandestinas estadounidenses diseminadas por el mundo, despertaron la conciencia de millones de estadounidenses que condenaron tales injusticias.
Sin embargo, como resultado de la manipulación y el engaño a que han estado sometidos en su fe religiosa o por la ingenuidad que durante años han inculcado en el ciudadano común de ese país los medios de publicidad y de prensa dominados por la élite corporativa y bancaria, los estadounidenses han sido sometidos durante más de un siglo al influjo de una orientación política neoconservadora con proyecciones fundamentalistas, que algunos consideran hoy su característica nacional.
Tras el derrumbe de la URSS y el bloque socialista europeo, que significó el fin de la Guerra Fría, el gobierno de Estados Unidos intensificó su guerra económica contra Cuba, que quedó como una espina en la garganta del imperialismo.
Con nuevas leyes, la codificación del conjunto de instrumentos destinados a ahogar económicamente a la isla y otras medidas dirigidas a “provocar escaseces, sufrimientos y el derrocamiento del gobierno cubano” según fueron definidos originalmente, más de medio siglo antes, los objetivos del bloqueo que Estados Unidos eufemísticamente llama “embargo”.
Fidel Castro, llamó al pueblo a “apretarse los cinturones” y prepararse para carencias y sacrificios mayores. Los cubanos respondieron cerrando filas en torno al líder de la Revolución y ya se han podido ver los resultados de la heroica resistencia. Triunfó la razón, la justicia, el patriotismo. Venció también la solidaridad internacionalista de innumerables personas en todo el mundo que han estimulado la proeza de los cubanos con su ayuda sincera y, por ello, son también dueños del éxito.
El mundo unipolar que siguió al fin de la Guerra Fría, con una única superpotencia que imponiendo sus egoístas intereses al resto del planeta y la globalización neoliberal impuesta a los pueblos, con su secuela de hambre, enfermedades, analfabetismo, degradación ambiental, discriminación, y tantos otros males que sufre la humanidad, puso de manifiesto que no es el fatalismo geográfico, ni una supuesta inferioridad racial, sino la esencia misma del orden burgués lo que determina estos males en las sociedades humanas.
El neoliberalismo, ordenamiento que el Norte disemina, impone en el Sur y recomienda como panacea para todas las desventuras de la humanidad, es precisamente la causa fundamental de los grandes males y los crueles desamparos en que viven los pueblos de los países pobres y los pobres en los países ricos.
El capitalismo neoliberal, con su proclamación del mercado y no del ser humano como eje absoluto del funcionamiento de la sociedad, ha multiplicado la miseria y ampliado las desigualdades a escala universal. Generador constante de crisis, el orden capitalista pretende ignorar que son las asimetrías las que las provocan y se las arregla siempre para descargar sus efectos en las personas humildes del planeta.
El sistema capitalista de relaciones, en vez de convocar a la cooperación y la solidaridad, llama a la competencia, el egoísmo y la ley del más rico.
Con la campaña de Bernie Sanders por lograr incluirse como candidato del partido demócrata en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los estadounidenses han comenzado a oír hablar de muchas cosas que no se mencionaban en el pasado reciente.
Sanders ofrece poner fin a casi cuatro décadas de políticas neoliberales. Condena la avaricia de Wall Street, la corrupción del sistema electoral y político, y el robo del futuro de los jóvenes y de los trabajadores estadounidenses. Recuerda las gloriosas luchas por la igualdad, los derechos civiles y por los derechos laborales y de los inmigrantes.
Son cosas que no se escuchaban hace mucho tiempo en Estados Unidos y que ojalá fueran la antesala de un cambio que solo a los estadounidenses corresponde promover.
*Manuel E. Yepe, periodista cubano especializado en política internacional, profesor asociado del Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa de La Habana, miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz.
Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

Sin olvidar las grandes y pequeñas mentiras

Manuel E. Yepe

Sábado, 23 de Abril de 2016

Por Manuel E. Yepe*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Cualquier persona medianamente sensata podría suponer que, tras el reciente reconocimiento público por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de los errores de su política exterior que están implícitos, e incluso explícitos, en su propósito de normalizar las relaciones políticas con Cuba, ocurriría un proceso de disculpas y justificaciones por las grandes y pequeñas mentiras que sobre Cuba ha difundido por el mundo el inmenso aparato de difamación de Washington, pretendiendo justificar su bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla rebelde.
Hasta en las más simples piezas de la guerra propagandística contra Cuba hallamos elementos demostrativos de las falsedades con que la campaña de infundios ha pretendido fundamentar sus propósitos, para vergüenza de los estadounidenses honestos que se van enterando de las verdades a medida que se descorre el telón por efecto de tímidas medidas que la Casa Blanca ha tomado, alegando incapacidad jurídica para eliminar el bochornoso bloqueo.
Un ejemplo de ello lo ofrece José Manzaneda, coordinador del sitio “Cubainformación” originado en España, dedicado al fomento en Internet de la solidaridad con la isla, quien recuerda una de las muchas facetas embusteras de la campaña propagandista contra Cuba que de alguna forma choca ahora con la verdad.
Habiendo en Cuba bandas de rock en todos sus géneros -desde el heavy metal al hardcore, pasando por el death metal, el rock alternativo y el punk- y siendo el país caribeño sede de agrupaciones locales e internacionales que participan en trece festivales de este tipo de música (Caimán Rock, el Brutal Fest, Festival Metal HG, entre ellos) y donde existe, como experiencia única en el mundo, una Agencia Cubana del Rock, de propiedad estatal, dedicada a promover la distribución y contratación de bandas de rock, — durante el reciente concierto en La Habana de la banda inglesa de los Rolling Stones, la prensa financiada desde Estados Unidos en todo el mundo dedicó extensos espacios a su pretensión de justificar sus añejas falsedades contra Cuba.
Manzaneda hace notar que en el canal español La Sexta, en su cobertura sobre esa visita artística, dijo que “Cuba ha vibrado al son de esas “satánicas majestades” (…) enseñando su característica lengua por esos 40 años de censura del rock en la Isla”.
Otro canal español, el Cuatro, repetía este mismo disparate, refiriéndolo a la supuesta “censura” que Cuba aplicaba a la música de la banda británica “cuya música había estado prohibida en Cuba hasta ahora”.
La misma mentira repetía Antena 3, otro canal español: “Los Rolling Stones desplegaron su energía en la misma Isla donde sus acordes estaban prohibidos hasta hace poco”.
Otros medios no llegaban a tanto pero “repetían, con precisión machacona, un mismo mensaje: ahora no, pero hace décadas la Revolución cubana “censuró”, “discriminó” o “prohibió” el rock”.
Al mismo tiempo, los medios corporativos internacionales insistían en otro mensaje más directamente contrarrevolucionario: el concierto se debió a una supuesta transición, una apertura o incluso a una primavera política en Cuba. “Un concierto que marcó la apertura cultural de Cuba”, decía Deutsche Welle TV). “Un evento histórico que demuestra que la apertura de Cuba hacia Occidente, aunque lenta, es ya imparable” (Cuatro TV).
En casi todas las noticias se asocia este gran concierto con los absurdos e incomprensiones hacia el rock que ocurrieron en los años 60 en Cuba. Pero la realidad es que si los Rolling Stones y otras grandes bandas no actuaban antes en la Isla no era por obstáculos desde Cuba que no fueran los económicos. Hubo grandes conciertos gratuitos en La Habana, como el de Manic Street Preachers en 2001 y el de Audioslave en 2005. Todos, como ahora el de los Stones, han sido costeados por los artistas.
Manzaneda recuerda: “No es Cuba la que realiza una apertura cultural al mundo. Lo que ha cambiado realmente es que el Gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación que le acompañan han relajado su agresión política a Cuba. Y ahora, para una banda como los Rolling Stones actuar en la Isla ya no supone un alto riesgo de represalias y campañas de desprestigio. Sino más bien todo lo contrario”.
Es cierto que en los primeros años de la Revolución y hasta mediados de la década de los 70, el rock en idioma inglés no era programado en las emisoras de radio cubanas como parte de una reacción defensiva inexperta e ingenua ante la magnitud de la agresión cultural promovida y financiada por Estados Unidos.
En aquel período los cubanos ciertamente cometieron no pocos errores de este carácter, incluyendo su ojeriza ante figuras que constituían entonces, y siguen siendo hoy, ídolos de la juventud norteamericana que se inspiraron precisamente en los ideales y las luchas de la juventud cubana y en sus líderes, como Fidel Castro y Che Guevara.
*Manuel E. Yepe, periodista cubano especializado en política internacional, profesor asociado del Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa de La Habana, miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz.
Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

Discurso del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en la clausura del 7mo Congreso.

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Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir cualquier pueblo en tiempos de crisis. Sin ellos, los cambios serían imposibles. En una reunión como esta, en la que se congregan más de mil representantes escogidos por el propio pueblo revolucionario, que en ellos delegó su autoridad, significa para todos el honor más grande que han recibido en la vida, a este se suma el privilegio de ser revolucionario que es fruto de nuestra propia conciencia.

¿Por qué me hice socialista, más claramente, por qué me convertí en comunista? Esa palabra que expresa el concepto más distorsionado y calumniado de la historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana. Desde cuándo el hombre vive en ese dilema, a lo largo del tiempo sin límite. Sé que ustedes no necesitan esta explicación pero sí tal vez algunos oyentes.

Simplemente hablo para que se comprenda mejor que no soy ignorante, extremista, ni ciego, ni adquirí mi ideología por mi propia cuenta estudiando economía.

No tuve preceptor cuando era un estudiante de leyes y ciencias políticas, en las que aquella tiene un gran peso. Desde luego que entonces tenía alrededor de 20 años y era aficionado al deporte y a escalar montañas. Sin preceptor que me ayudara en el estudio del marxismo-leninismo; no era más que un teórico y, desde luego, tenía una confianza total en la Unión Soviética. La obra de Lenin ultrajada tras 70 años de Revolución. ¡Qué lección histórica! Se puede afirmar que no deberán transcurrir otros 70 años para que ocurra otro acontecimiento como la Revolución Rusa, para que la humanidad tenga otro ejemplo de una grandiosa Revolución Social que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero, el imperialismo.

Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vida humana sobre la superficie terrestre.

Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del sol crezca hasta fundir todos los planetas del sistema solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremisiblemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?

Algunos o tal vez muchos de ustedes se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en estas moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos que dicen los gobiernos que casi en su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.

Hay que martillar constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible.

Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá.

Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala. He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos, y en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo.

Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.

Fidel Castro Ruz

Abril 19 de 2016, al cierre del Séptimo Congreso del Partido

Acto de Solidaridad con el pueblo brasileño ante la contra ofensiva de la oligarquía nacional y del imperialismo.

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Sayonara Tamayo Arjona/Caminos

El Hospital Hermanos Ameijeiras es una de las instituciones emblemáticas del sistema de salud cubano. De sus más de tres mil trabajadores 22 se encuentran cumpliendo misión internacionalista en Brasil como parte del programa Más Médicos que desarrolla el gobierno de Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores.

Fue precisamente en ese centro donde se juntaron representantes de organizaciones de masas, políticas y sociales de la Revolución Cubana para expresar su solidaridad con los sectores del pueblo brasileño que hoy defienden la democracia en su país y la continuidad del proyecto de gobierno iniciado por Inácio Lula Da Silva.

En sus palabras de inicio, la Secretaria General de la OSPAAAL, Lourdes Cervantes, expresó: “La presidenta Dilma ha dicho que resistirá hasta el último minuto de su segundo término. Nosotros estamos aquí para asegurarle a ella y al pueblo de Brasil que nos mantendremos movilizados, junto a ellos, para reiterar una y otra vez de manera inequívoca ¡no a la contraofensiva imperialista en Brasil. Golpe nunca más!”

En el acto, donde también participaron trabajadores del hospital, intervino una representante de la Federación de Mujeres Cubanas. Dania Rodríguez dio lectura a un mensaje de la organización de masas que agrupa a más del noventa por ciento de las mujeres del país donde se hace referencia a la proliferación en el continente de diferentes acciones de connotación política, económica y social que responden a un plan de desestabilización de la izquierda y los movimientos progresistas.

“El mandato de Dilma Rousseff molesta a las élites porque ha priorizado a los más pobres, a los que no tienen, a quienes han llevado por primera vez programas sociales en gran escala. Las mujeres de nuestra región tenemos la urgente responsabilidad de unirnos, hoy más que nunca, para impedir que se desarticule la integración de nuestros pueblos. Una vez más, la Patria americana nos convoca”, expresó y reafirmó el compromiso de solidaridad con el hermano pueblo democrático de Brasil y el más firme apoyo de los cubanos a la presidenta.

En nombre de los trabajadores, agrupados en la Central de Trabajadores de Cuba, intervino Alexander Cuesta, Secretario General del Buró Sindical del Hospital Hermanos Ameijeiras. “Desde este hospital brindamos nuestra solidaridad al pueblo de Brasil, a su gobierno y a los más de 11 mil trabajadores de la salud que prestan servicios en este país y seguirán firmes en las trincheras, como nos enseñó nuestro invicto Comandante en Jefe. Jamás claudicaremos ante las amenazas de ningún gobierno y seguirá siendo el ALBA nuestra mejor bandera”, dijo.

Una brasileña cerró el bloque de oradores. Messilene Gorete, miembro de la dirección nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST), explicó que en su país hay un golpe de estado en curso que es parte de un plan para derrocar a los gobiernos progresistas del continente, con el ansia del poder y de retomar el proyecto neoliberal. Además, denunció que este golpe de estado ha sido diseñado por la oligarquía brasileña y el poder político de la mayoría en el Congreso y la asamblea legislativa, en articulación con los principales medios de comunicación nacional que tienen la hegemonía y logran manipular la información. Enfatizó en que ese es un peligro muy grande. “En todo Brasil los movimientos, la izquierda, sufren de una criminalización de la lucha y de los que defienden el proyecto de liberación nacional. El Partido de los Trabajadores, que hoy está en el gobierno, sufre una posibilidad de derrocamiento de su gobierno.”

Asimismo calificó como un retroceso no sólo para Brasil, sino para los proyectos impulsados por los pueblos en el continente, el cambio que se produciría de concretarse el golpe y la salida de Dilma del gobierno. Advirtió la posibilidad de retornar al clima de terror y violencia que sufrieron en el golpe de estado de 1964, “y eso no lo queremos”, enfatizó.

“Queremos agradecer una vez más la solidaridad de Cuba, no solamente en este momento, sino la solidaridad que representa este pueblo y decir que lo que hoy los médicos cubanos en Brasil nunca fue hecho en la historia de Brasil. Queremos agradecer aquí el papel de los médicos cubanos que están en lo más profundo de la pobreza de Brasil y eso es fruto precisamente de este proyecto que impulsa la presidenta Dilma y nosotros queremos defender. Eso seguirá si el gobierno de Dilma sigue. Si a partir del lunes asume el vocero del PMDB, el vocero de la oligarquía, este proyecto no va a continuar”.

Este acto de solidaridad de organizaciones sociales cubanas con la democracia en Brasil, se incluye en una jornada continental de movilización. A ese espacio llegaron representantes de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), de la Federación Sindical Mundial (FSM), de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), del departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), del Centro Memorial Martin Luther King Jr. (CMMLK), del Movimiento Cubano por la Paz (MOVPAZ) y de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), quienes en su conjunto conforman el Capítulo Cubano de la Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA, convocante de la jornada continental.
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AMÉRICA LATINA: el final de un ciclo o el agotamiento del posneoliberalismo

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François Houtart

América Latina fue el único continente donde las opciones neoliberales fueron adoptadas por varios países. Después de una serie de dictaduras militares, apoyadas por los Estados Unidos y portadoras del proyecto neoliberal, las reacciones no se hicieron esperar. La cumbre fue el rechazo en 2005 del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá, el resultado de la acción conjunta entre movimientos sociales, partidos políticos de izquierda, organizaciones no gubernamentales e iglesias cristianas.
Los gobiernos progresistas
Los nuevos gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia, pusieron en marcha políticas restableciendo el Estado en sus funciones de redistribución de la riqueza, de la reorganización de los servicios públicos, en particular el acceso a la salud y a la educación y de inversiones en obras públicas. Se negoció una distribución más favorable del ingreso de las materias primas entre multinacionales y Estado nacional (petróleo, gas, minerales, productos agrícolas de exportación) y la coyuntura favorable, durante más de una década, permitió importantes ingresos para las naciones en cuestión.
Hablar sobre el final de un ciclo introduce la idea de un cierto determinismo histórico, lo que sugiere la inevitabilidad de alternancias de poder entre la izquierda y la derecha, concepto inadecuado si el objetivo es sustituir la hegemonía de una oligarquía por regímenes populares democráticos. Sin embargo, una serie de factores permiten sugerir un agotamiento de las experiencias post-neoliberales, partiendo de la hipótesis que los nuevos gobiernos fueron post-neoliberales y no poscapitalistas.
Obviamente, sería ilusorio pensar que en un mundo capitalista, en plena crisis sistémica y por lo tanto particularmente agresivo, el establecimiento de un socialismo “instantánea” es posible. Por cierto también existen referencias históricas sobre el tema. La NEP (Nueva Política Económica) en los años veinte en la URSS, es un ejemplo para estudiar de manera crítica. En China y en Vietnam, las reformas de Deng Xio Ping o del Doi Moi (renovación) expresan la convicción de la imposibilidad de desarrollar las fuerzas productivas, sin pasar por la ley del valor, es decir, por el mercado (que se supone el Estado debe regular). Cuba adopta, de forma lenta pero prudente a la vez, medidas para agilizar el funcionamiento de la economía, sin perder las referencias fundamentales a la justicia social y el respeto por el medio ambiente. Entonces se plantea la cuestión de las transiciones necesarias.
– Un proyecto posneoliberal
El proyecto de los gobiernos “progresistas” de América Latina para reconstruir un sistema económico y político capaz de reparar los desastrosos efectos sociales del neoliberalismo, no fue una tarea fácil. La restauración de las funciones sociales del Estado supuso una reconfiguración de este último, siempre dominado por una administración conservadora poco capaz de constituir un instrumento de cambio. En el caso de Venezuela, es un Estado paralelo que se instituyó (las misiones) gracias a los ingresos del petróleo. En los demás casos, nuevos ministerios fueron creados y renovaron gradualmente a los funcionarios. La concepción del Estado que presidió al proceso fue generalmente centralizadora y jerarquizada (importancia de un líder carismático) con tendencias a instrumentalizar los movimientos sociales, el desarrollo de una burocracia a menudo paralizante y también la existencia de la corrupción (en algunos casos a gran escala).
La voluntad política por salir del neoliberalismo tuvo resultados positivos: una lucha efectiva contra la pobreza para decenas de millones de personas, un mejor acceso a la salud y la educación, inversiones públicas en infraestructura, en pocas palabras, una redistribución por lo menos parcial del producto nacional, considerablemente aumentado por el alza de los precios de las materias primas. Esto dio lugar a beneficios para los pobres sin afectar seriamente los ingresos de los ricos. Se añadieron a este panorama importantes esfuerzos a favor de la integración latinoamericana, creando o fortaleciendo organizaciones como el Mercosur, que reúne a unos diez países de América del Sur, UNASUR, para la integración del Sur del continente, la CELAC para el conjunto del mundo latino, más el Caribe y, finalmente, el ALBA, una iniciativa venezolana con unos diez países.
En este último caso, se trataba de una perspectiva de cooperación bastante novedosa, no de competencia, sino de complementariedad y de solidaridad, porque, de hecho, la economía interna de los países “progresistas” permaneció dominada por el capital privado, con su lógica de acumulación, especialmente en los sectores de la minería y el petróleo, las finanzas, las telecomunicaciones y el gran comercio y con su ignorancia de las “externalidades”, es decir los daños ambientales y sociales. Esto dio lugar a reacciones cada vez mayores por parte de varios movimientos sociales. Los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión) se mantuvieron en gran medida en manos del gran capital nacional o internacional, a pesar de los esfuerzos hechos para rectificar una situación de desequilibrio comunicacional (Telesur y las leyes nacionales en materia de comunicaciones).
– ¿Qué tipo de desarrollo?
El modelo de desarrollo se inspiró en los años 60 del “desarrollismo”, cuando la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL) propuso sustituir las importaciones por el aumento de la producción nacional. Su aplicación en el siglo XXI, en una coyuntura favorable de los precios de las materias primas, combinada con una perspectiva económica centrada sobre el aumento de la producción y una concepción de redistribución de la renta nacional sin transformación fundamental de las estructuras sociales (falta de reforma agraria por ejemplo) condujo a una “reprimarización” de las economías latinoamericanas y al aumento de la dependencia con respeto al capitalismo monopolista, yendo incluso hasta una desindustrialización relativa del continente.
El proyecto se transformó gradualmente en una modernización acrítica de las sociedades, con matices dependiendo del país, alguno, como Venezuela haciendo hincapié en la participación comunitaria. Esto dio lugar a una amplificación de consumidores de clase media de bienes del exterior. Se estimularon los megaproyectos y el sector agrícola tradicional fue abandonado a su suerte para favorecer la agricultura agroexportadora destructora de los ecosistemas y de la biodiversidad, incluso llegando a poner en peligro la soberanía alimentaria. Cero rastros de verdaderas reformas agrarias. La reducción de la pobreza en especial mediante medidas asistenciales (que también fue el caso de los países neo-liberales) apenas redujo la distancia social, siendo la más alta del mundo.
– ¿Se podría haber hecho de otra manera?
Uno puede preguntarse, por supuesto, si era posible haberlo hecho de otra manera. Una revolución radical hubiera provocado intervenciones armadas y los Estados Unidos disponen de todo el aparato necesario para ello: bases militares, aliados en la región, el despliegue de la quinta flota alrededor del continente, informaciones por satélites y aviones awak y han demostrado que intervenciones no estaban excluidas: Santo Domingo, bahía de cochinos en Cuba, Panamá, Granada.
Por otra parte, la fuerza del capital monopolista es de tal manera que los acuerdos hechos en los campos de petróleo, minería, agricultura, rápidamente se convierten en nuevas dependencias. Hay que añadir la dificultad de llevar a cabo políticas monetarias autónomas y las presiones de las instituciones financieras internacionales, sin hablar de la fuga de capitales hacia los paraísos fiscales, como lo demuestran los documentos de Panamá.
Por otra parte, el diseño de la formación de los líderes de los gobiernos “progresistas” y de sus consejeros era claramente el de una modernización de las sociedades, sin tener en cuenta logros contemporáneos, tales como la importancia de respetar el medio ambiente y asegurar la regeneración de la naturaleza, una visión holística de la realidad, base de una crítica de la modernidad absorbida por la lógica del mercado y finalmente la importancia del factor cultural. Curiosamente, las políticas reales se desarrollaron en contradicción con algunas constituciones bastante innovadoras en estas áreas (derecho de la naturaleza, “buen vivir”).
Los nuevos gobiernos fueron bien recibidos por las mayorías y sus líderes reelegidos en varias ocasiones con resultados electorales impresionantes. De hecho, la pobreza había disminuido notablemente y las clases medias se habían duplicado en peso en pocos años. Existía un verdadero apoyo popular. Por último, hay que añadir también que la ausencia de una referencia creíble “socialista”, después de la caída del muro de Berlín, no incitaba a presentar otro modelo que el post-neoliberal. El conjunto de estos factores sugieren que era difícil, objetiva y subjetivamente, esperar otro tipo diferente de orientación.
– Las nuevas contradicciones
Sin embargo, esto explica una rápida evolución de las contradicciones internas y externas. El factor más dramático fue, obviamente, las consecuencias de la crisis del capitalismo mundial y, en particular, la caída, en parte planificadas, de los precios de las materias primas y en especial del petróleo. Brasil y Argentina fueron los primeros países en sufrir los efectos, pero rápidamente siguieron Venezuela y Ecuador, Bolivia resistiendo mejor, gracias a la existencia de importantes reservas de divisas. Esta situación afectó inmediatamente el empleo y las posibilidades consumistas de la clase media. Los conflictos latentes con algunos movimientos sociales y una parte de intelectuales de izquierda salieron a la luz. Las fallas del poder, hasta entonces soportadas como el precio del cambio y sobre todo en algunos países, la corrupción instalada como parte integrante de la cultura política, provocaron reacciones populares.
Obviamente la derecha se tomó esta situación para iniciar un proceso de recuperación de su poder y su hegemonía. Apelando a los valores democráticos que nunca había respetado, logró recuperar parte del electorado, sobre todo tomando el poder en Argentina, conquistando el parlamento en Venezuela, cuestionando el sistema democrático de Brasil, asegurándose la mayoría en las ciudades en Ecuador y en Bolivia. Trató de tomar ventaja de la decepción de algunos sectores, en particular de los indígenas y de las clases medias. También con el apoyo de muchas instancias norteamericanas y por los medios en su poder, trató de superar sus propias contradicciones, sobre todo entre las oligarquías tradicionales y los sectores modernos.
En respuesta a la crisis, los gobiernos “progresistas” adoptaron medidas cada vez más favorables a los mercados, hasta el punto de que la “restauración conservadora” que denuncian con regularidad, se introdujo subrepticiamente dentro de ellos mismos. Las transiciones se convierteron entonces en adaptaciones del capitalismo a las nuevas exigencias ecológicas y sociales (un capitalismo moderno) en vez de pasos hacia un nuevo paradigma poscapitalista (reforma agraria, apoyo a la agricultura campesina, tributación mejor adaptada, otra visión de desarrollo, etc.).
Todo esto no significa el final de las luchas sociales, al contrario. La solución radica, por una parte, en la agrupación de las fuerzas para el cambio, dentro y fuera de los gobiernos, para redefinir un proyecto y las formas de transición y por otra, en la reconstrucción de movimientos sociales autónomos con objetivos enfocados en el medio y largo plazo.

Quito, para Le Drapeau Rouge, Bruselas, No 56 (mayo-junio 2016)
Traducido por Pilar Castelano

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